"No puedo más"...esa era la frase que decía cada noche cuando llegaba de trabajar y me tiraba en el sofá mientras cenaba cualquier sobra del mediodía. Qué tontería, siempre se puede más. Sobretodo si te persigue alguien que lleva muerto varios días con intención de desgarrarte a mordiscos.
Me llamo Julia, tengo 27 años y llevo encerrada en mi apartamento desde que toda esta locura empezó. Creo que llevo aquí unos 23 días, y digo creo porque esta soledad me está volviendo loca. Soy una chica normal. Soltera. Vivo en un pequeño apartamento, moderno y luminoso. Me vine a la capital a estudiar Arte Dramático, después de abandonar la carrera de Derecho y trabajaba en una tienda de ropa de una multinacional desde hace 2 años. Era feliz. Pero ahora estoy desesperada, y por eso escribo esto. Porque se que no me queda mucho tiempo de vida. Casi no me queda comida y no pienso salir ahí afuera. La tele no funciona desde hace 4 dias y en la radio solo se oye un mensaje grabado alertando a los ciudadanos que no salgan de sus casas. Llevo muchos dias sin línea en el telefono y aunque aún tengo electricidad no me atrevo a encender la luz por la noche para no llamar la atención de los que están en la calle. Los muertos...
No
tengo claro en qué momento empezó todo, pero recuerdo que lo primero
que oí sobre el virus fue con una noticia en la Canal 24h. sobre un
chico de Bangui, en República Centroafricana, que le había dado un brote de locura en plena calle y se había lanzado contra el cuello de otra
chica arrancándole la piel de un mordisco. Lo extraño del caso es que el
chico siguió comiéndose a su victima sin mostrar ningun signo de dolor mientras la policía le disparaba.
Después de eso hubo otros casos, y luego más y más. En distintos lugares
de África. Y más tarde los telediarios empezaron a dar noticias
confusas sobre casos similares en otras partes del mundo. Estados
Unidos, Italia, Londres, España... Todo fue muy rápido, no decían nada
claro y la información se filtraba con cuentagotas, pero en cuestión de
días el mundo que conocíamos hasta entonces se estaba desmoronando.
No
se qué ha sido de mi familia, ni de mis amigos. Ni siquiera se nada de
mis vecinos. Estoy sola, completamente sola. Mi madre es viuda y vive en un pueblo muy acogedor. Es una mujer sencilla, cálida y siempre dispuesta. Espero que esté bien. La última vez que hablé con ella estaba preocupada por mi, pero me dijo que en el pueblo aún no había ocurrido nada grave. No se si me lo dijo para tranquilizarme o porque era la verdad. Necesito saber que está bien, me voy a volver loca de estar aquí sin poder tener noticias. Y este silencio me está
matando. Y esos pies que se arrastran en la calle sin parar...
Mi compañera de piso es el caso de infectado más cercano que conozco. Alexandra es mi compañera de piso y de estudios. Cuando todo esto empezó ella me decía que la gente era muy exagerada, que seguro que todo quedaba en una falsa alarma mundial como aquella gripe que al final quedó en nada. Que no entendía porqué la gente estaba como loca comprando agua embotellada y comida en latas. Que no iba a pasar nada. Casi me regañó por hacer yo lo mismo y encargar por internet una compra bastante grande de alimentos no perecederos a un gran supermercado. Me decía que estaba loca! Ahora se que ella estaba equivocada y que esa intranquilidad que yo tenía, sin llegar a ser miedo, era la respuesta adecuada a todo lo que estaba pasando en el mundo.
Pero una tarde llegó de clase con la cara descompuesta. Como si hubiera visto un fantasma. Me dijo que había vuelto en Metro desde la facultad y que habia tenido una sensación muy rara, como si todo el mundo estuviera en alerta. Me contó que todo el mundo miraba a su alrededor sin parar. Como si todo el mundo supiera algo que ella desconocía. Quizás mientras ella habia estado en clases, algo habia pasado, pero lo desconocía.
Al salir del metro, llegando al final de la escalera que dan a la calle, una chica pelirroja bien vestida pero con muy mal aspecto se le echó encima e intentó atacarla. Alexandra fue más rapida y la esquivó, viendo como la pelirroja intentaba agarrarse a su brazo antes de caer escaleras abajo. De repente todo el mundo que subia por la misma escalera, empezó a gritar y a correr, y Alexandra hizo lo propio hasta llegar a casa sin saber muy bien porqué. Cuando subía en el ascensor se dió cuenta de que tenia las uñas de la pelirroja clavadas en el antebrazo y 4 grandes arañazos que empezaban a dolerle demasiado. Cuando llegó a casa me contó lo que le habia ocurrido, y todavía asustada se echó a descansar en su cama. Al cabo de un par de horas, se levantó. Me dijo que se encontraba mal, como si hubiera cogido gripe. Que creía que tenía fiebre y que iba a llamar a Emilio, su novio, para que viniera a recogerla. Ya no he vuelto a saber nada más de ella, ni de Emilio. Su móvil está apagado desde el dia siguiente a que se fuera. No se que pensar pero todo apunta a que Alexandra no va a volver, por lo menos viva. Me siento muy triste...la echo de menos. Se que no la volveré a ver.
Escribo este diario porque necesito desahogarme, hablar aunque
sea conmigo misma y olvidarme de este miedo que no me deja ni acercarme a
las ventanas.
Cómo odio este silencio que solo se rompe con las pisadas arrastradas de esos muertos en la calle...
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